sábado, 7 de noviembre de 2009

¿ME FIRMAS MI MÁSCARA?

Esta pregunta es muy recurrente en las arenas de lucha libre. Los aficionados se acercan con la ilusión de que les firmen sus máscaras y a veces reciben como respuesta un rotundo ¡no! “Si no es original no te la firmo” dicen algunos gladiadores. En cambio hay otros que sin ningún problema, toman la burda imitación de sus capuchas y plasman su autógrafo.

En este caso, ¿Quién tiene la razón? ¿Es correcto que un luchador profesional se niegue a firmar una máscara “pirata”? ¿Está en su derecho? Trataremos de analizar este tema desde los dos puntos de vista: el que firma y el que no firma.

El que se niega a firmar una máscara pirata –nombres omito pero ustedes conocen- lo hacen principalmente porque ellos, a su vez, venden sus productos oficiales: playeras, gorras, muñecos, y sobre todo máscaras. Si firman una máscara no oficial, ponen en riesgo la inversión que hacen al mandar hacer sus productos. Están obviamente en su derecho al negarse a dar un autógrafo pero en serio, se ven bastante mal. Porque te hace pensar entonces: ¿A caso ganas más vendiendo máscaras que por luchar?

El asunto de las máscaras “piratas”, es parecido al de las películas y discos clonados. Quien compra piratería es, o porque no le alcanza el dinero para adquirir un producto original, o porque no le interesa comprarlo. No todo el que compra una máscara lo hace con el afán de comenzar una colección, o por mucha admiración a determinado elemento; quizá la adquiere por desmán o simpatía, y después por ahí la arrumba.

El que adquiere una capucha para iniciar su colección, evidentemente, no comprará una máscara en la arena; él recurre directamente con el luchador o el mascarero. En general, los coleccionistas de máscaras gastan enormes cantidades para adquirir piezas raras y exclusivas. Así que para ellos, las capuchas originales son la primera opción.

Lo más triste –y que me ha tocado ver- es cuando una persona compra una máscara pirata por idolatría y espera verla autografiada. En una ocasión, se acercó un señor con su hijo a determinado luchador. El señor se veía medio amolado, con una chamarra descolorida. El niño le pidió al luchador que le firmara su máscara; incluso alcancé a escuchar que le dijo: “Te admiro mucho, eres mi ídolo…¿me la firmas?” Y esta persona le dijo que no, porque no era original; dio media vuelta y se metió al vestidor. ¡El niño se quedó helado! Y el señor al verme, se apenó y humillado se fue con su hijo a las gradas de la arena.

¿Éste debe ser comportamiento de un luchador profesional? Por ahí dicen que la lucha libre es un deporte popular, y la verdad no lo creo, porque los boletos cada vez están más caros. Este luchador que se negó a autografiar la máscara, ¿a caso no se dio cuenta que este padre de familia hizo un sacrificio para ir a la arena; que gastó demás en una máscara que su hijo deseaba?

Hay luchadores que están perdiendo carisma en este deporte por estos actos. No les importa perder admiradores a cambio de vender sus productos oficiales…allá ellos. A mi me conforta saber que hay ídolos que no pierden el piso y como recompensa tienen la idolatría. Aún recuerdo con especial cariño al gran Huracán Ramírez, Don Daniel García.

En una ocasión lo visité en su casa. Estaba solo y no pudo atenderme por mucho tiempo porque tenía que salir al doctor. A pesar de esto hicimos la entrevista y al final le pedí que me autografiara mi máscara. Me disculpé con él por no tener una capucha original, Don Daniel en cambio me dijo que no me preocupara…la tomó entre sus manos y me la autografió. Como podrán imaginar, la guardo como un gran tesoro, pues desde niño lo he admirado. Por eso esos ídolos eran y serán inmortales, por su enorme sencillez.