martes, 20 de octubre de 2009

¿A QUÉ TE DA DERECHO UN BOLETO?

Los miles de aficionados que van a las arenas en todo el país, al adquirir su boleto, tienen derechos y obligaciones. Derecho a presenciar un buen espectáculo, con los elementos que les están vendiendo; no se vale que de último momento –y sin previo aviso- les cambien el cartel.


Al pagar una entrada, tenemos derecho a gritarle lo que queramos al luchador que más gordo nos caiga; ellos están más que acostumbrados a esto. Lo que si no podemos hacer, es agredirlos físicamente, –a parte de que sacaríamos la peor parte- por mucho odio que le tengamos a un gladiador, nuestro boleto, no nos permite golpearlo o arrojarle de cosas. El pobre Carmelo Reyes (Cien Caras) estuvo a punto de perder un ojo cuando un seudo aficionado le arrojó una moneda.


Tenemos derecho también a exigir una buena lucha. Algunos elementos –sin mencionar a qué empresa pertenecen- sólo suben por compromiso. No se les ve con la misma entrega que en la televisión. Algunos sólo luchan cinco minutos y eso si están de buenas. Cuando el combate consideres es mediocre, no dudes en gritarles que se pongan a luchar. Tú trabajaste muy duro para ganarte tu dinero, pues que a ellos les cueste igual ganarlo. ¿O te gusta regalárselos?


Tu boleto te permite pedirle autógrafos al luchador, y si tienes oportunidad, de tomarte fotos. Obviamente algunos se olvidan que comen y viven del aficionado, que su salario es pagado por el público; así que si algún luchador ni te pela, ni te preocupes, simplemente no lo apoyes y a ver cuánto más dura en las carteleras.

Al comprar un boleto, tienes derecho a sentirte tranquilo en tu asiento. En toda arena debe existir un equipo de seguridad que saque a esas personas locas que quieran sentirse luchadores y busquen pleito con cualquiera. Aunque curiosamente nunca me ha tocado ver alguna pelea entre aficionados, así como las que se arman en los estadios de futbol entre las porras. Mucha gente no va a las arenas precisamente por miedo.


Y por último y lo más importante –al menos para mí- tu boleto no te da derecho a agredir físicamente o verbalmente a los que estamos tomando fotos en el ring. Me ha tocado en varias ocasiones que me avientan chicles por estarles “estorbando”. Es verdad que en algunos instantes les tapamos la visibilidad, pero comprendan que es nuestro trabajo y no lo hacemos con el afán de molestarlos.


Además los fotógrafos estamos en constante movimiento, siguiendo las acciones; nunca permanecemos en un mismo lugar por más de un minuto y, cuando nos quedamos más tiempo, lo hacemos en cunclillas. Les estorba más el cubetero y a ése no le dicen nada.


Así que la próxima vez que estés comprando tu boleto, recuerda lo que acabas de leer y disfruta de la función.