viernes, 13 de febrero de 2009

DE PUÑO Y LETRA: JUVENTUD GUERRERA

CUANDO SE PIERDE UNA MÁSCARA

El portar la máscara de mi padre significó mucho para mí. Era un doble compromiso porque mi padre Fuerza Guerrera por méritos propios ha desarrollado una carrera importante dentro de la lucha libre. Al portar una máscara similar a la de él, me dio la confianza que necesitaba dentro de este deporte. Por desgracia la perdí a los cinco años de usarla, en 1998. Le lloré y no lo podía creer. Cuando muestras por primera vez el rostro al público, te da vergüenza pero, por fortuna logré reponerme y salir adelante.

Las primeras luchas ya sin máscara son las más difíciles porque, en cierta forma te sientes desnudo, sin la protección que te da la máscara. Pero, al poco tiempo descubrí que debajo de la máscara se encontraba Juvi, un luchador aguerrido. La gente me fue aceptando y las manifestaciones de cariño te dan la confianza que necesitas.

En este sentido, se me viene a la mente otros luchadores que han perdido la máscara y que desaparecieron. Uno de ellos fue Máscara Mágica, perdió su incógnita y desapareció de la lucha libre. Hay otros que la perdieron y continuaron con mucho éxito como Shocker, Pierroth, Black Warrior y Cibernético que, debajo de su máscara se hallaba otro personaje.

Por eso les aconsejo a los luchadores que, cuando pierdan la máscara, no se depriman, porque no es el fin del mundo. Que le echen el doble de esfuerzo, que no pierdan la esencia que tienen como luchadores. Es verdad que sí cambia un poco el luchador cuando pierde la máscara, algunos incluso cambian su estilo de lucha pero, todo esto es mental.

Pero sí, ya cuando no usas máscara, la gente te reconoce fácilmente. No puedes hacer cosas turbias porque saben quién eres. No puedes andar dando malos ejemplos porque eres una figura pública.

En mi caso, demostré que la máscara no hacía al luchador, sino al contrario. Cuando fui enmascarado y luché en Estados Unidos, (1996-1998) la máscara para ellos no tenía mucha importancia como lo tiene en el nuestro. En Norteamérica, a los luchadores enmascarados, nos veían como payasitos y no la tomaban en cuenta. Ahora veo que las cosas han cambiado enormemente. Ya sea en Estados Unidos, o en Europa, la máscara ha adoptado otro valor.

Yo la sigo usando, pero sólo para entrar al ring. No lucho con ella porque eso sería un fraude y, además la gente me identifica mejor sin la máscara.