lunes, 31 de marzo de 2008

SOLAR RECUERDA AL SOLITARIO



Cuando Solar comenzó su carrera como luchador profesional en los años setenta, tenía la ilusión de conocer al Solitario, pues siempre que luchaba en Guadalajara, asistía a las funciones para apoyar a su ídolo. Solar nunca imaginó que no sólo lo conocería, sino que hasta viviría con él por más de 10 años. En esta ocasión, el jalisciense abrió el baúl de los recuerdos y compartió con nosotros las experiencias que vivió al lado del que pudo convertirse en el sucesor del Santo.

"Al Solitario yo lo conocí en Matamoros, me lo presentó el rayo de Jalisco, fue en una función donde luchó Aníbal, Hamada, René Guajardo, el Vikingo y el Solitario. Recuerdo que el Rayo de Jalisco le dijo al Solitario: "mira, él es Solar, un compañero, él es de Guadalajara, es buen amigo y ahí te lo recomiendo". Antes de esto, yo sólo lo conocía de vista, pues lo veía luchar en Guadalajara y por él me hice luchador.

Me lo presentan y él me dice: "Mira Solar, si dice mi paisano el Rayo de Jalisco que eres de Guadalajara, lo que se te ofrezca, yo estoy en México y te voy a dar mi número telefónico...cuando vayas, lo que se te ofrezca, háblame". Yo aún no luchaba en México, estaba en Monterrey en la llamada división del Norte".

"Pasó el tiempo y René Guajardo me mandó a luchar a México, con el señor Flores. Yo no tenía dónde vivir y llegué a la casa de Amparito, que estaba por Allende; ahí me mandó Marco Tulio, "llega ahí, ahí reciben a luchadores". Pero cosa rara, yo duré dos meses ahí y me fui a Monterrey a luchar y cuando regresé de Monterrey, me dijo la señora: "Sabes qué Solar, tú ya no vas a estar viviendo aquí". "Sí está bien, pero en un mes me cambio" le dije, pero ella contestó "¡no, ahora mismo no vas a estar aquí!". La verdad yo no supe ni por qué pero me corrió".

Eran como las cinco o seis de la tarde y no tenía a dónde llegar, fue entonces cuando me acordé del Solitario. Le llamo y le digo: "mire señor, habla Solar y pues usted me dio su teléfono por si se me ofrecía algo y ahorita no tengo en dónde quedarme; deme chance en lo que encuentro". Y él me respondió "no te preocupes, vente". Ya llegué al edificio que tenía en Vizcainas y, ahí vivía el Vikingo, el Solitario, Renato Torres y la llevamos tan bien que duré como doce o trece años ahí viviendo. Quién me iba a decir que con el tiempo yo iba a estar viviendo con el Solitario, con quien me inspiró a ser luchador".


El convivir con el Solitario tan estrechamente, ¿Qué fue lo que aprendió de él en el aspecto profesional y el humano?

"Yo aprendí del Solitario a ser y el cómo no ser. Por ejemplo, el Solitario me decía: "mira paisano, si uno vive de su cuerpo, uno debe estar en forma. Uno debe estar bien vestido en el ring, tener arregladas las mallas, zapatillas, calzones, capa, máscara...estar bien presentable porque te debes al público. Y el público paga un boleto para verte, así que debes siempre verte bien". Yo siento que eso le aprendí y otras cosas más. Él era una persona que vivía al máximo, le gustaba comer bien, en buenos restaurantes. Ya cuando estaba en su departamento, a él le gustaba tenerlo bien limpio. A veces el se iba a luchar dos o tres días por la República y, cuando llegaba, sabía qué era lo que le gustaba, que era tener el departamento limpio, perfumado. Cuando él me veía, me decía que le gustaba mucho cómo tenía recogido el departamento".

¿Usted cree, que él ya presentía su muerte?

"Mira, para mí el Solitario era una persona inmortal. Él se automedicaba, yo nunca en la vida lo vi que dijera "sabes qué paisano, no puedo hoy, me siento cansado". Siempre a él se le veía de ánimos para hacer cualquier cosa, nunca se quejaba, ni demostraba pereza para hacer las cosas. A veces él traía unas cortadas grandes en la espalda, o en el brazo, y nunca de los nucas se quejaba".

"Cuando él le ganó la máscara al Dr Wagner, el Solitario ya era una estrella consumada, luchaba diario y llenaba las arenas donde se presentaba; inclusive se quedaba gente afuera. Por esos días me dijo que quería tomarse dos días de vacaciones con su familia, se fue para Guadalajara y el viernes fue a luchar a la monumental de Monterrey; el lunes en Laredo, y en esa lucha se lastimó la cintura. La lesión fue tan grave que se le durmieron las piernas, inclusive regresó a Guadalajara en silla de ruedas y ya no pudo luchar".


"Yo me enteré que estaba lesionado pero como yo lo conocía muy bien, no le di mucha importancia, porque sabía que se recuperaría pronto. Pues un domingo luchando en el Toreo de Cuatro Caminos, el Mocho Cota me dijo: "Oye Solar, ya te enteraste que se murió el Solitario" "¡Qué! No qué pasó Mocho, no me estés diciendo eso". Y en serio yo no le creí. Como vio que no le creí, me dijo que comprara el Ovaciones y al comprarlo, vi que efectivamente se había muerto el Solitario".

Usted fue de los pocos que estuvo en su funeral, ¿Qué nos dice al respecto?

"Así es, mi hermano Pedro y yo fuimos de inmediato a Guadalajara y lo alcancé -ya lo iban a enterrar en San Pedro- y estuve un rato con él y ya. Después yo platiqué con su esposa Celia y me dijo que había llegado muy mal de Monterrey, que lo tuvieron una semana en cama y que él se deprimió mucho, que no quería comer. Cuando lo llevaron al hospital, su cuerpo estaba ya muy mermado, pero que si estaba sufriendo mucho. Inclusive cuando lo visitó el Ángel Blanco -y esto él me lo dijo- el Solitario le dijo "oye compadre, el Solitario ya se acabó". "No compadre, todavía hay Solitario para rato, échale ganas", le respondió el Ángel Blanco.

¿Una última reflexión que quiera hacer del Solitario?

"El Solitario era una excelente persona, un buen amigo, alguien quien me ayudó mucho; siempre me brindó su amistad, me regalaba cosas, en fin, por eso es una leyenda de la lucha libre".